miércoles, 30 de abril de 2008

Auténtica frikada

No me he podido resistir a incluir este enlace en mi blog. Sé que algunas pueden considerarlo friki, pero esto es mucho más, y si no, mirad para cuantas camisetas da Bette Porter (y el resto del personal de The L Word, of course)

miércoles, 23 de abril de 2008

"Los de en medio"

Mi intención al comenzar este blog era, inspirándome en historias de la serie, contar historias relacionadas conmigo o con gente que conozco. Hasta ahora, así lo he hecho, pero un cretino ha logrado que deje a un lado el espíritu con el que nació esta web para narrar lo inenarrable. Vamos, que a ninguno de los guionistas The L Word se le hubiera ocurrido en la vida inventar un personaje tan estúpido como el que tuve el disgusto de conocer el otro día.

Todo sucedió en una
comida de trabajo. Sí, además de escribir este blog tengo una vida paralela seria que me hace tener comidas de trabajo de vez en cuando en las que he de mostrarme educada, cabal y, en más ocasiones de las deseadas, carente de ironía.

En una de esas es donde
conocí este personajillo, todo sonrisa y director de ventas de no sé donde que ya había comenzado en los aperitivos intentando hacerse el gracioso. Sin embargo, la conversación derivó de manera inevitable hacia la paridad en el nuevo Gobierno de Zapatero. Él insistía en que no hacía falta que hubiera más ministras que ministros porque las mujeres ya mandamos. De hecho, aseguraba, en su casa la que manda realmente es su mujer -lo que por supuesto no discuto, porque con semejante zoquete-.

En la mesa éramos tres mujeres y siete hombres. La mayoría de estos últimos le daban la razón, por supuesto. ¿Para qué queremos que haya paridad, si ya somos nosotras las que llevamos los pantalones?, argumentaban. Yo, como podía e intentando ser cabal, defendía mi postura, hasta que ese personajillo tocó lo intocable: sí,
se mofó de que Carme Chacón fuera la nueva ministra de Defensa. Yo, que llegaba calentita por un articulazo de Lucía Méndez que me había leído ese día por la mañana en El Mundo, no me pude callar y le solté la primera fresca del día. Algo así que como seguro que su mujer no había estado impedida para fregar los platos cuando estaba embarazada y que igual sí que le habían pedido ascender en su empresa por eso...

Entonces ese gran personaje reculó un poco y
dijo algo referente a "los de enmedio", a cómo están ahora, según él, premiándolos, después de lo que soltó una sonora carcajada.

- ¿A qué te refieres con los de en medio?-le pregunté yo-.

-Sí, los de en medio. Eso que está ahora tan de moda -me contestó-.

- No te entiendo -le contesté ya con cierto
tono chulesco y ante la mirada aterrada de algunos compañeros de mesa que ya veían venir el cataclismo-.

- Sí, mujer. Los gays y las lesbianas, que ahora a todo el mundo le ha dado por ser de eso.

No pude evitarlo. Me agarré a la mesa, eché el cuerpo para adelante y con toda la calma de la que fui capaz le dije:

- Pues la verdad es que ni a mi novia ni a mí nos ha influido nunca en el trabajo, ni de forma positiva ni negativa, ser lesbianas.

Una risita nerviosa afloró de sus labios, desistió de seguir debatiendo sobre el asunto y cambió de conversación. El único inconveniente fue que esta escena se produjo en el primer plato y tuve que aguantarlo a escasos dos metros durante el segundo plato, un tercero que pusieron, el antepostre y el postre. Fui incapaz de aguantar hasta el café.

sábado, 29 de marzo de 2008

Quiero un tatuaje

Desde que escribí el post del gimnasio vengo dándole vuelta a eso de los tatuajes. Me han entrado una ganas locas de hacerme uno porque así igual logro que la monitora macizorra del aguafitness se fije en mi tatuaje y en lo moderna que soy en lugar de en la tripita imposible de bajar por muchas clases de abdominales a las que vaya. El problema es que hay que tomar dos decisiones muy importantes:

1. El lugar en el que hacerse el tatuaje.

2. El qué tatuarse.

Además, a cada capítulo que veo de The L Word más ganas me entran de hacerme uno. He de confesar que el que más me molaba era el de Alice, rodeando el bíceps. Así, cuando por fin logre ponerme cachas y evitar que me cuelgue ese incómodo pellejillo que pende debajo del brazo -seguro que será para este verano- podré ir luciendo tatuaje a tutti plein. Pero las dudas me asaltan porque se lo ha quitado. Antes estaba y ahora no está -en la foto de la izquierda, el antes, en la de la derecha, el después-, así que algún inconveniente debe tener. Por favor, y aprovecho estas líneas para pedirlo encarecidamente, si alguien sabe por qué se lo ha quitado, que me lo cuente...











Bien. Descartada la opción Alice por insatisfacción de la sudodicha paso a examinar otras posibilidades. Los que tienen Shane en la parte posterior del brazo molan, para qué vamos a engañarnos, pero ya he dicho antes que ahí precisamente tengo un incómodo pellejillo colgante -no, no soy cuasi anoréxica como ella-, así que no creo que sea la opción más idónea para mi caso.

Los que tenía Carmen, para qué vamos a engañarnos, le quedaban genial, pero en la espalda también tengo una incómoda mollita que de hacerme similar a lo que ella tenía pues más bien parecería que tengo alerones, como los aviones.


Queda la opción Jodi. Sí, en el antebrazo, como Popeye (por cierto, el de abajo es Popeye, no Jodi. Es que no he encontrado ninguna foto en la que se vea su tatuaje). La verdad es que en este caso es cierto eso de que las comparaciones son odiosas, porque con esta reflexión se me han quitado las ganas de hacérmelo en el antebrazo: mi última intención, Dios me libre, es parecer un marinerucho de tres al cuarto. A la monitora le tiene que gustar el agua, sí, porque da aguafitness, pero de ahí a transformar en un lobor de mar... En fin. Se aceptan sugerencias, porque esto está resultando mucho más complicado de lo que yo creía. ¡Qué duro es ser fashion!

domingo, 16 de marzo de 2008

El gimnasio, ese gran granero

Pues sí. Como ya sabéis las amantes de The L Word el gimnasio es, de forma recurrente, uno de lo lugares más eróticos que aparecen en la serie. Mujeres enseñando hasta la rabadilla en esa clase de spinning en la que dan el todo por el todo; sudorosas y marcando músculo mientras hacen bíceps delante de un espejo o mientras se emplean a fondo en la máquina elíptica cubiertas por unas diminutas mallas que dejan ver ese tatuaje tribal de la espalda tan sensual... Y por supuesto, mucha de ellas son ¡mujeres que entienden! Éste es, más o menos, el gimnasio que aparece en la serie, el de los sueños de cualquier lesbiana y, afortunadamente, al que yo voy. Jamás pensé que la realidad pudiera imitar tanto la ficción, pero sí, así es, para mi gozo y alborozo: existe un gimnasio como ese de The L Word y ¡es el mío!

Como este blog no está hecho para hacer publicidad, pues no voy a dar el nombre (si alguien quiere saberlo, que lo pregunte), pero es el sueño de cualquier lesbiana. Por supuesto que no voy a mentir: también deabulan por allí las típicas marujillas, señoronas de muchos años agobiadas por el marido y los niños, que no pierden oportunidad para pegar el hilo contigo:

- Hombre, ¿cuánto tiempo sin verte? ¿Cómo es que no viniste ningún día la semana pasada?

- Pues mire, tuvo unos días libres y aproveché para irme de viajecito. [Cuando lo que realmente te pide el cuerpo es mandarla a la mierda y decirle la verdad: que se meta en sus asuntos, pero como ante todo hay que ser educada y tiene la taquilla que está justo al lado de la mía, lo que implica que me la encontraré para los restos, pues sólo puedo callar]

- ¿Has visto a la monitora nueva?¡Qué chica más rara!

- Pues yo la veo de la más normal.

Por ahí sí que no paso. Me niego a tolerarle a esa marujilla que critique la última adquisición de ese gran cuerpo técnico que tiene mi gimnasio, esa gran monitora de aguafitness que sin estar macizorra como la de spinning tiene un encanto especial y se me queda mirando cada vez que nos cruzamos en la entrada. "Sé que tú también entiendes", nos decimos con la mirada, pero sin tener una excusa para cruzar palabras.

Con la de spinning es diferente. Con esa sí que charlo. Y es que el pulsómetro es una muy buena excusa para entablar conversaciones en el gimnasio:

- Creo que hoy me he pasado de pulsaciones en tu clase. Vamos, que me he puesto a 186 en la última subida.

- Pues sí que le has metido caña. Yo ya veía que andabas tocada...

Sí, tocadísima, efectivamente, pero es que tanto derroche de sudor sube las pulsaciones a cualquiera.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Rajoy la caga

Vuelvo al mismo tiempo que la quinta temporada de The L word y no puedo más que mostrar mi asombro por el gran parecido que hay entre ficción y realidad. Las seguidoras de esta serie asistimos aterradas a cómo la sociedad yanqui, esa que ha aceptado que Bush sea su presidente durante dos legislaturas, sigue vetando a los homosexuales su visibilidad en el ejército. ¡Hay esa pobre Tasha qué mal lo está pasando!
Pero por aquí, lamentablemente, hay algunos que le van a la zaga, y sino que se lo pregunten a Rajoy y su guardia pretoriana -los señores Acebes y Zaplana- queriendo quitarnos los derechos que hemos adquirido. Están convencidos de que no debemos adoptar niños y de que una unión de dos personas del mismo sexo no se puede llamar matrimonio. Habría que preguntarle a esos señores del Opus si se le puede llamar matrimonio a una unión sólo concebida para tener críos.
Afortundamente, hay alguien empeñado dentro de su propio partido en ponerle piedras a Rajoy en la campaña para que la cague y se caiga con todo su equipo -¡bien!-. Ojalá sea así y se abra el paso a la gente más moderada del PP, dentro del que por supuesto también hay un buen puñado de gays y, algunos de ellos, en puestos de mucha responsabilidad. Léase alcaldes de algunos municipios costeros andaluces, de esos que andan ahora a vueltas con el urbanismo. La solución quizás sería que salieran del amario.

viernes, 1 de febrero de 2008

Disculpas tecnológicas

Lo sé. Llevo demasiado sin escribir en este blog, pero las circunstancias son más persistentes que yo: he estado sin tener conexión segura a internet prácticamente desde que escribí el último post y he sido incapaz de solucionarlo. Obviamente, yo no soy como Bette, porque ella habría llamado inmediatamente al servicio técnico de Telefónica para que lo arreglara sin importarle cuánto le clavara. Yo he esperado, primero, con el fin de ver si se solucionaba o no por arte de magia. Después de varios meses comprobé que no era algo coyuntural, sino estructural, así que decidí ponerme manos a la obra e intentar arreglarlo por mí misma. Misión imposible, a pesar de que reconfiguré la conexión a Internet, volví a rereconfigurarla y expuse mi gran problema en todos los foros de la red (sin encontrar solución alguna, he de decirlo). Finalmente, opté por mandar un mail desesperado a Telefónica para intentar encontrar ayuda. El servicio técnico me remitió un correo diciendo que intentaría solucionar mi caso, pero la insistencia de mi novia ("no podemos estar así, no podemos estar así...") motivó que, en un acto de valentía, me decidiera a re instalar (pongo en rojo el re porque me parece toda una osadía tal desafío informático) el windows y ¡oh, zeus!...¡¡¡funciona!!! Y no sólo funciona el pc, sino también he sido capaz de conectar mi pc a internet, el pc que acaba de comprarse mi novia y la palm que yo me he comprado, ¡¡¡todos accediendo a conexiones seguras!!! Tenemos una red wifi de primer orden... Sólo que... Somos dos personas en la casa, con tres ordenadores y una palm: digo yo que ¿puede resultar un poco excesivo?... Cada vez lo tengo más claro: las homosexuales treintañeras nos rodeamos de excesos consumistas (que si un teléfono de último modelo, que si un mini, que si el viaje de ensueño a Birmania...) y los heterosexuales, de hijos. ¡Puestos a elegir, viva el consumismo!

domingo, 15 de octubre de 2006

¿Para ser deportista de élite hay que ser lesbiana?




El personaje de Dana me da que pensar. Me recuerda a una amiga. Era atleta y el padre de su novia, antes de que se enterara de que estaban juntas, hizo a su hija una advertencia muy seria: "Tú ten cuidado, que en en eso del atletismo hay muchas lesbianas". Lo cierto es que acertó de lleno. Fueron palabras proféticas, sin lugar a dudas. Precisamene esta amiga es la que me cuenta que en el deporte hay muchas, pero que muchas, mujeres que entienden. Ella dice que si se sacara una media de las lesbianas que participan en la final de un campeonato de España de atletismo, se romperían todas las estadísticas. Así, por lo alto, calcula que el 40% de las tías que están allí corriendo, saltando o lanzando se acuestan con otras mujeres. Claro, sin contar conque en las pruebas de lanzamiento -ella tiraba martillo- se rompen aún más esas estadísticas: son más las "bollos" que las no "bollos", sin lugar a dudas. Ella ha ajustado las cuentas y, al parecer, los resultados son abrumadores. Eso sí, se niega a darme los nombre; no quiere exponerse a que yo publique en esto blog -como si lo leyera alguien, vamos- quiénes son esas atletas de élite -dice que incluso hay alguna que ha salido en el periódico más leído de España, osea el Marca, ¡¡¡guau!!!- que están con otras chicas, algunas de ellas, a su vez, deportistas muy destacadas en España que salen a su vez en el Marca pero por practicar otro deporte. Bueno, esto es un relío, pero así me lo cuenta y, por mucho que yo le insisto, no quiere profundizar más en el tema. Yo le he propuesto hablar con ellas y venderles a Zero un calendario con todas estas tías, que a buen seguro deben de estar muy, pero que muy macizorras, pero se resiste a dar nombres. Por cierto, un recuerdo para la tenista en la que está inspirado el personaje de Dana Fairbanks: Martina Navratilova, sin dudas, quien hace poco ha sacado un libro en el que explica algo así como el secreto de su éxito. Tiene pinta de ser un poco influmable, pero quien se atreva a comprarlo, que cuentre qué tal está... Aunque lo cierto es que los de The L Worldd también podrían haber tomado como modelo a alguien más patrio: Conchita Martínez, quien a principios de los 90 paseaba por las pistas de todo el mundo a sus novias mientras que Arantxa Sánchez Vicario sacaba a mear a sus perros Roland y Garros (los nombres son el colmo de la originalidad, vamos). Lo vuelvo a preguntar: ¿por qué hay tantas lesbianas en el mundo del deporte? ¿Será que eso de estar cachas les da un plus de autoestima y piensan que no hay nada más alucinante que un cuerpo de mujer bien formado?

P.D. Muchas gracias por los comentarios. Yo pensaba que estaba escribiendo para el ciberespacio en abstracto, pero eso de que haya alguien que me lea... ¡Es increíble!