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domingo, 16 de marzo de 2008

El gimnasio, ese gran granero

Pues sí. Como ya sabéis las amantes de The L Word el gimnasio es, de forma recurrente, uno de lo lugares más eróticos que aparecen en la serie. Mujeres enseñando hasta la rabadilla en esa clase de spinning en la que dan el todo por el todo; sudorosas y marcando músculo mientras hacen bíceps delante de un espejo o mientras se emplean a fondo en la máquina elíptica cubiertas por unas diminutas mallas que dejan ver ese tatuaje tribal de la espalda tan sensual... Y por supuesto, mucha de ellas son ¡mujeres que entienden! Éste es, más o menos, el gimnasio que aparece en la serie, el de los sueños de cualquier lesbiana y, afortunadamente, al que yo voy. Jamás pensé que la realidad pudiera imitar tanto la ficción, pero sí, así es, para mi gozo y alborozo: existe un gimnasio como ese de The L Word y ¡es el mío!

Como este blog no está hecho para hacer publicidad, pues no voy a dar el nombre (si alguien quiere saberlo, que lo pregunte), pero es el sueño de cualquier lesbiana. Por supuesto que no voy a mentir: también deabulan por allí las típicas marujillas, señoronas de muchos años agobiadas por el marido y los niños, que no pierden oportunidad para pegar el hilo contigo:

- Hombre, ¿cuánto tiempo sin verte? ¿Cómo es que no viniste ningún día la semana pasada?

- Pues mire, tuvo unos días libres y aproveché para irme de viajecito. [Cuando lo que realmente te pide el cuerpo es mandarla a la mierda y decirle la verdad: que se meta en sus asuntos, pero como ante todo hay que ser educada y tiene la taquilla que está justo al lado de la mía, lo que implica que me la encontraré para los restos, pues sólo puedo callar]

- ¿Has visto a la monitora nueva?¡Qué chica más rara!

- Pues yo la veo de la más normal.

Por ahí sí que no paso. Me niego a tolerarle a esa marujilla que critique la última adquisición de ese gran cuerpo técnico que tiene mi gimnasio, esa gran monitora de aguafitness que sin estar macizorra como la de spinning tiene un encanto especial y se me queda mirando cada vez que nos cruzamos en la entrada. "Sé que tú también entiendes", nos decimos con la mirada, pero sin tener una excusa para cruzar palabras.

Con la de spinning es diferente. Con esa sí que charlo. Y es que el pulsómetro es una muy buena excusa para entablar conversaciones en el gimnasio:

- Creo que hoy me he pasado de pulsaciones en tu clase. Vamos, que me he puesto a 186 en la última subida.

- Pues sí que le has metido caña. Yo ya veía que andabas tocada...

Sí, tocadísima, efectivamente, pero es que tanto derroche de sudor sube las pulsaciones a cualquiera.

domingo, 15 de octubre de 2006

¿Para ser deportista de élite hay que ser lesbiana?




El personaje de Dana me da que pensar. Me recuerda a una amiga. Era atleta y el padre de su novia, antes de que se enterara de que estaban juntas, hizo a su hija una advertencia muy seria: "Tú ten cuidado, que en en eso del atletismo hay muchas lesbianas". Lo cierto es que acertó de lleno. Fueron palabras proféticas, sin lugar a dudas. Precisamene esta amiga es la que me cuenta que en el deporte hay muchas, pero que muchas, mujeres que entienden. Ella dice que si se sacara una media de las lesbianas que participan en la final de un campeonato de España de atletismo, se romperían todas las estadísticas. Así, por lo alto, calcula que el 40% de las tías que están allí corriendo, saltando o lanzando se acuestan con otras mujeres. Claro, sin contar conque en las pruebas de lanzamiento -ella tiraba martillo- se rompen aún más esas estadísticas: son más las "bollos" que las no "bollos", sin lugar a dudas. Ella ha ajustado las cuentas y, al parecer, los resultados son abrumadores. Eso sí, se niega a darme los nombre; no quiere exponerse a que yo publique en esto blog -como si lo leyera alguien, vamos- quiénes son esas atletas de élite -dice que incluso hay alguna que ha salido en el periódico más leído de España, osea el Marca, ¡¡¡guau!!!- que están con otras chicas, algunas de ellas, a su vez, deportistas muy destacadas en España que salen a su vez en el Marca pero por practicar otro deporte. Bueno, esto es un relío, pero así me lo cuenta y, por mucho que yo le insisto, no quiere profundizar más en el tema. Yo le he propuesto hablar con ellas y venderles a Zero un calendario con todas estas tías, que a buen seguro deben de estar muy, pero que muy macizorras, pero se resiste a dar nombres. Por cierto, un recuerdo para la tenista en la que está inspirado el personaje de Dana Fairbanks: Martina Navratilova, sin dudas, quien hace poco ha sacado un libro en el que explica algo así como el secreto de su éxito. Tiene pinta de ser un poco influmable, pero quien se atreva a comprarlo, que cuentre qué tal está... Aunque lo cierto es que los de The L Worldd también podrían haber tomado como modelo a alguien más patrio: Conchita Martínez, quien a principios de los 90 paseaba por las pistas de todo el mundo a sus novias mientras que Arantxa Sánchez Vicario sacaba a mear a sus perros Roland y Garros (los nombres son el colmo de la originalidad, vamos). Lo vuelvo a preguntar: ¿por qué hay tantas lesbianas en el mundo del deporte? ¿Será que eso de estar cachas les da un plus de autoestima y piensan que no hay nada más alucinante que un cuerpo de mujer bien formado?

P.D. Muchas gracias por los comentarios. Yo pensaba que estaba escribiendo para el ciberespacio en abstracto, pero eso de que haya alguien que me lea... ¡Es increíble!