lunes, 20 de octubre de 2008

Gustos

Tengo un compañero de trabajo empeñado en conocer cuáles son mis gustos. Cada vez que caza la foto de una supermodelaza en tetas me la enseña con la intención de que le dé el visto bueno o que le argumente por qué pasaría de ella.

- Mira, ¡qué pedazo de tía! ¿Eh? ¿Te gusta? ¿Te gusta?
- Pues la verdad es que no.
- Pero si está buenorra, buenorra.
- No es mi tipo. Ya te he dicho que las modelos esas anoréxicas no me gustan.
- Entonces, ¿qué tías te gustan?

Para empezar me gustan las tías a las que yo creo que puedo gustarles, es decir, las que entienden o tienen posibilidad de entender. No sé por qué pero tengo un radar que se fija de manera selectiva en mujeres que son lesbianas sabiéndolo y aceptándolo, que lo son sin saberlo en ese momento pero que con el paso de los años lo descubren o en mujeres que quieren, sin más, probar qué es estar con una mujer, aunque eso las acabe atando a una relación de varios años. Vamos, que no me pasa lo mismo que a Camilo Sesto, que el pobre siempre se iba a enamorar de quien de él no se enamora.

Hasta el momento mi radar no se ha equivocado jamás y cuando apuntaba hacia Angelina Jolie, pues por algo era. Sin embargo, he de confesarlo, siempre he tenido predilección hacia las deportistas macizorras, esas tías cuadradas que están todo el día haciendo pesas, corriendo, lanzando jabalinas o cualquier otro instrumento y sudando de lo lindo. Y ahí, mi radar, tampoco se ha equivocado: el deporte es un campo abonado al ligoteo muy, pero que muy interesante para cualquier lesbiana de pro. Creo que éste es mi lado frívolo y superficial. También lo podríamos llamar estético, ¿por qué no?

Es curioso, porque a los tíos les suelen dar susto las tías fuertes... Pero a mí me parecen de lo más molón. En este punto tengo que hacer un inciso: ¡Bendito gimnasio, alegría de cada mediodía! De hecho, una vez tuve una novia atleta -este post ha nacido a raíz de un comentario que le he dejado al respecto a El Malvado Ming-, de esas cuadradas 2x2, pero al final una relación resulta demasiado agotadora: sólo entrenan, así que ni se sale, ni se trasnocha, ni se bebe, ni se come, ni se f... ni se hace nada, vamos. Esa vida monacal no es para mí.

En el lado opuesto, pues, he de confesarlo, también me gustan las intelectuales. ¡Mi amada Bette! Ésas que les dan vuelta a todo, que son capaces de levantarse a las seis de la mañana para hacer la fotografía de un amanecer, que pueden provocarte con una sola palabra, que se conocen las escuelas más innovadoras en psicología, que te ganan con palabras de nueve letras al Scrabble o que usan la dialéctica para desarmarte y hacerte caer rendida y muda -porque ya no te queda opción de réplica- a sus pies.

Y cómo no, me pirran la mujeres que tienen sentido del humor.

* Como sobre gustos no hay nada escrito, espero que dejéis escritos por aquí vuestros gustos y, después, me comprometo a hacer un post con el prototipo de mujer deseado por las lesbianas.

** La fotografía es del culo de una de esas atletas macizorras. Para alegrar un poquito la vista, ¿no?

viernes, 17 de octubre de 2008

Integrismo lésbico


Puede que esta entrada disgute a alguna de las que llegáis hasta este blog, pero tenía que escribirla tarde o temprano porque es toda una declaración de principios: creo firmemente que hay un integrismo lésbico, peligroso y tóxico. Yo conocí a una pareja que lo tenía claro: las lesbianas somos seres superiores, pensaban.

Lo cierto es que, ahora echando la vista atrás, creo que fue la primera pareja de lesbianas fuera del armario que conocí. Hablamos de mediados de los 90, cuando yo ocultaba que mi novia lo era a todo Dios. Sólo éramos muy buenas amigas. Por aquel entonces una compañera de la Facultad -mi actual amor- comenzó a tirarme los tejos. Ella y sus colegas se dedicaban a espiarme -me lo contó después- en el patio de la Universidad y a hacer conjeturas sobre si yo entendía o no.

Un buen día -bendito alcohol- mi actual amor se decidió a ligar conmigo enmedio de una fiesta de lo más ñoña, yo piqué y en el pack iban incluidas sus mejores amigas, entre las que se encontraba esta pareja de integristas: dos tías rubias, superfemeninas y por las que los tíos perdían el culo. Una de ellas estudiaba música, era delicada, etérea y sensual, y no era difícil quedarte embobada oyéndola tocar el instrumento -musical, por supuesto-. La otra estudiaba lo mismo que nosotras, era guerrera, categórica al hablar -de esas que levantan y agitan el dedo índice para parecer más firmes- y, en apariencia, con las ideas muy claras.

Defendían con beligerencia la supremacía del sexo femenino, veían a los heterosexuales como una pandilla de conformistas adocenados que se negaba a llegar a la esencia de su ser y que elegía la salida más fácil para llevar una vida acorde con lo esperado. Esgrimían que el mejor sexo era el que podían tener dos mujeres y sólo querían salir por sitios de ambiente y, por supuesto, con gays, porque la presencia de un heterosexual significaba llevar a un mirón infiltrado en el grupo.

Los armarios había que quemarlos todos y echar a patadas a los que estaban dentro y las únicas dos películas que merecía la pena ir a ver en el cine eran 'Go fish' y 'Cuando cae la noche' -por cierto, de ésta me regalaron un póster en un cumpleaños-. La esencia de la persona era homosexual. Lo demás era un cuento, una máscara para no hacer frente a la realidad.

Yo soy más relativa: pienso que cada cual es como es, aunque haya gente que se niegue la posibilidad de ser como es, pero hay que respetarla. Pienso que al igual que a nosotras nos gusta estar con otra mujer, pues hay a tías a las que le encanta estar con un tío y viceversa. Y creo que no todo el mundo es homosexual por designio divino, al igual que todo el mundo no es heterosexual.

Mi amor comparte -lo hemos hablado- este punto de vista, el mismo que teníamos hace ya la friolera de 12 años, demasiadas diferencias con esta pareja de amigas, que acabó en una ruptura cantada.

Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. Hace tres o cuatro años nos encontramos con la música en la boda de un amigo -heterosexual- común. Nos vio a mi amor y a mí, nos reconoció, desvió la vista y siguió de largo sin darnos siquiera la opción de saludar. Nuestro amigo nos contó que ahora estaba casada, con un músico, por supuesto. Y su ex pues había seguido el mismo camino de perdición heterosexual.

*La fotografía es un fotograma de 'Cuando cae la noche', película más que recomendable, al igual que 'Go fish'.

** Insisto: no tengo resistencia a escribir.


viernes, 3 de octubre de 2008

¿Seré ya como Bette?

Es posible que sea ya como Bette y no me haya dado cuenta hasta ahora. Se me ha tenido que poner delante el blog de pobreniñopijo, quien se ha dedicado a analizar a los personajes de The L Word desde el punto de vista de algo que se llama eneagrama y quien ha hecho que sufra uno de los mayores shocks de mi vida


Al parecer eso del eneagrama es un sistema de análisis de los tipos de personalidad inventado por los sufíes y que, a día de hoy, hay gente que todavía se toma en serio. Este pobreniñopijo dice que Bette es lo que el eneagrama denominaría un tres social, lo que significa que es una persona eficiente, atractiva, simpática, con gran habilidad social, muy segura de sí misma por fuera pero insegura por dentro, optimista, exigente y asertiva.


Hasta ahí pues he de decir que sí, que yo soy eficiente -a decir verdad soy capaz de sacar el trabajo de toda una tarde en un pimpampum-, también soy simpática -irónica y capaz de hacer chascarrillos varios sobre todo, la prueba es este blog-, además soy segura, exigente -conmigo y con los demás, y si no que se lo pregunten a mis becarios-, optimista -sé que la lotería tocará algún día-, asertiva -sí que lo soy- y competitiva -¿para qué jugar al pádel sino para machacar al que está enfrente?-.


Eso es lo positivo, vale. Hasta ahí todo correcto, porque lo cierto es que, con el rollito del eneagrama ese pobreniñopijo, acaba poniendo a Bette -y quizás también a mí, y yo sin saberlo- de vuelta y media. Resulta que los tres sociales esos también son "falsos, con una personalidad que oscila entre la frialdad y la calidez, mordaces, distantes, controladores, frívolos, materialistas y adictos al trabajo y vanidosos", cuenta. ¿Es en realidad así mi Bette? ¿Realmente eso es lo que oculta su inmaculada sonrisa y quizás la mía, que no es inmanculada pero sí que es sonrisa al fin y al cabo?


Me niego a pensar que ambas seamos así. Hombre, me gusta tener cosas buenas, ¿a quién no?, y si hay que pagar por ellas, pues qué le vamos a hacer. Y en cuanto a la adicción al trabajo, pues de aire no vive el hombre -en este caso la mujer independiente y que tienen que buscarse la vida por sí misma- y lo cierto es que en un trabajo como el mío requiere, para ser hecho bien, una dedicación plena, tener todo el día el móvil encendido y... Los puntos suspensivos son porque estoy empezando a asustarme. Quizás sí que me parezco a Bette más de lo que creo, aunque no posea su porte, su saber estar y todavía no me llegue para comprarme el Saab descapotable.


* Incluyo el link a otra página que he hallado en la que vienen fotografías de bastantes tres famosos. En esta web también aparece qué número sería Tina, la malograda Dana y Kit.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Gatas en el cabo

El turismo gay, ¿existe o es sólo un mito? ¿Realmente hay esos paraísos a los que vamos en manada con la esperanza de ligar o de ver nuestra pareja reflejada en la de nuestras vecinas de mesa durante el desayuno en el hotel? Hasta ahora tenía mis dudas. Pensaba que aquel crucero delirante que aparecía en un par de episodios de la segunda temporada de The L Word plagado de lesbianas de todo tipo era sólo un sueño idílico, pero ahora estoy convencida de que hay un lugar donde se puede hacer turismo muy, pero que muy, gay.
Ese lugar en el Cabo de Gata, plagado de "gatitas" -vale, así es como mis compañeros masculinos de trabajo con edad más próxima a la adolescencia que a la madurez califican a las tías que consideran interesantes, pero es que esta denominación me permitía hacer un juego de palabras chulo para titular el post- en busca de otras gatitas y de parejas de tías que pasean al atardecer cogidas de la mano por la playa.
Yo ya había estado en el Cabo de Gata, hace 12 años, en el segundo viaje que hice con mi mujer, y al que también vino mi ex y la colega a la que se quería ligar y de hecho se acabó ligando, pero lo cierto es que no recordaba que fuera un sitio tan alternativo, con tanta comunidad gay exhibiendo cuerpo y paseándose sin complejos en pelotas por esas calas idílicas.
Aquello está lleno de gays y de lesbianas, sobre todo lesbianas de todo tipo: veinteañeras alternativas con pelo corto, piercing y pantalones de camuflaje; maduras que se dejan las canas y se hacen un pelado asimétrico; con pluma, sin pluma, en pareja, solteras, solas, en grupo... Para todos los gustos.
Así que sin comerlo ni beberlo las vacaciones de este año las hemos pasado en el paraíso del turismo gay, lo que, he de decirlo, me ha costado algún que otro disgusto. Mi novia estuvo un par de veces a punto de saltarme los ojos, especialmente en la playa, donde se movía mucho cuerpo atlético por la orilla, de esos que tanto abundan en mi gimnasio.
* La fotografía es, por supuesto, del Cabo de Gata y está hecha por mi amor, cómo no.
** Y, por favor, si alguien conoce más "paraísos" como éste, que lo comparta con el personal.

lunes, 18 de agosto de 2008

Yo hice cola con Salma Hayek para entrar al servicio

Sí, habéis leído bien el título de la entrada; una vez hice cola con Salma Hayek para entrar al servicio. Ya sé que al contar esta historia abro la puerta a que dudéis sobre si lo escrito con anterioridad en este blog es o no verídico, pero lo prometo, fue así. Y ahora cuento qué es lo que me ha animado a dar este paso adelante, sacar pecho y decir en voz alta: ¡YO HE HABLADO CON ELLA!

Pues bien, esta salida de tono se debe a la indignación. Sí, la INDIGNACIÓN, así, con mayúsculas. Me meto ePublicar entradan la página de Afterellen.com y me indigno porque las internautas de Estados Unidos sitúan a mi amada Bette -bueno, en realidad a la actriz que la interpreta, Jennifer Beals- como la séptima mujer más sexy del mundo mundial. Salma Hayek está sólo dos puestos por atrás, la novena, y por más vueltas que le doy, no lo entiendo. Si el destino las quiere tan próximas, ¿por qué la que estuvo haciendo cola conmigo y charlando un rato esa noche de 2002 en Los Ángeles no fue Bette?

Para las que penséis que es del todo imposible coincidir en la cola para entrar al servicio con Salma Hayek os lo explico con detenimiento: donde estuvimos haciendo cola juntas fue en la casa de Los Ángeles de Antonio Banderas... Vale, he releído lo que acabo de escribir y supongo que así lo empeoro todo. Si puede resultar increíble lo de Salma Hayek supongo que más aún es decir que has estado en la casa de Antonio Banderas. Y más increíble aún resultaría si dijera toda la verdad: que fue por motivos de trabajo.

De acuerdo, empiezo por el principio. Banderas cedió graciosamente su casa para que se hiciera una fiesta para contar por allí qué es Andalucía. Invitó a sus amiguetes de Hollywood y unos cuantos pringados fuimos para trabajar. Sí, trabajar, aunque he de decir que ir a una fiesta de éstas es un trabajo mucho más agradable que muchos otros que me han tocado hacer.

Así que allí estábamos unos cuantos pueblerinos siendo recibidos por esa gran señora llamada Tippi Hendrix, madre de la anfitriona, y aún guapísima; compartiendo lonchas de jamón serrano con un Sylvester Stallone acartonado y con un color de piel cerúleo que daba susto, o mirando de reojo a un tío que llevaba una gorra 'comía de mierda' (como decimos por aquí), debajo de la que sobresalía un peno canoso que pedía a gritos un buen lavado, con unos vaqueros 'roíos' y que resultó ser Benicio del Toro, el mismo que sale impoluto en las portadas de las revistas y que tiene ya algún Oscar, pero que si yo me hubiera encontrado esa noche en un callejón desierto hubiera pensado que venía a robarme. Serán prejuicios, vale, pero algunos llegamos a pensar que era el aparcacoches que iba a ganarse unos dólares estacionando limusinas. Es cierto que en la invitación ponía que la vestimenta tenía que ser "casual but elegant", pero él era todo casual.

Yo preferí curarme en salud y como siempre me he sentido torpe para eso de acertar con la vestimenta adecuada me compré un vestido negro, de lino y con volantitos por abajo. Y para acompañarlo me puse un mantón, también, negro, con flecos y muy, muy andaluz. De modo que así ataviada me encontraba yo esperando para entrar al servicio cuando apareció Salma Hayek, con otro vestido negro, unos taconazos que ya querría para ella Letizia, pero que no evitaban que yo, con mi metro sesenta, la pudiera mirar por encima del hombro, y con muchas tetas. Al menos, a mí me pareció que tenía muchas tetas.

Y la tía, 'mu salá', se puso a pegar la hebra con las dos o tres españolas que, como es preceptivo, hacíamos cola juntas: "Qué mantones más bonitos que llevan. Porque no lo he pensado antes, que si no me hubiera traído el mío" "Ay, pero si vas guapísima, Salma". "Sí, pero esos mantones son divinos y la fiesta es divina. Pero qué buena que estaba la comida. Yo he comido muchísimo y, no puede ser, porque voy a engordar". "Ay, pero si estás canijísima y estupenda". "Sí, pero es que me encanta el jamón loncheado. La última vez que fui a España me traje en la maleta, así escondidito y envasado al vacío porque aquí no dejan que lo entremos". "Ay, chiquilla, la próxima vez que vengas lo dices y te regalamos tó Jabugo".

Así fue, lo prometo, y también puedo afirmar que Salma Hayek es simpática, al menos así al pronto, aunque no es el tipo de mujer que a mí me parece sexy. Se ve que mi gusto es diferente al del francés ricachón que estuvo con ella. La que sí estaba espléndida era Marisa Tomei, guapísima vestida con unos vaqueros y una simple camisa blanca. Ahí empezó mi idilio con ella. Por cierto, al escribir este post me está viniendo una idea que no puedo apartar de mi cabeza: ¿Y si Jennifer Beals también estuvo en esa fiesta pero pasó desapercibida ante mis ojos porque aún no conocía a Bette?

*Para quienes dudéis de la veracidad de esta entrada, os dejo un enlace (pinchando aquí) que prueba que todo sucedió y no es producto de mi imaginación.







domingo, 10 de agosto de 2008

De gimnasios y rajas

Pues sí, se confirma: mi gimnasio es el más gay. Esa confirmación ha venido de la mano de una de las profas de spinning, quien el otro día, cuando estábamos a 180 pulsaciones por minuto intentó animarnos: "¡Vamos, chicos, que hoy es viernes y tenéis todo el fin de semana para descansar! Además... ¡¡¡esta noche es el concierto de Mónica Naranjo!!! ¿Quién va?" Todo el mundo puso cara de póker.

Por cierto, Mónica Naranjo estuvo soberbia -pero no por lo bien que cantó, sino que fue una soberbia, vamos- y creo que mi profa de spinning acabó aún más flipada del concierto que nosotros cuando ella nos preguntó en medio de aquella maldita subida por nuestros planes nocturnos:

- "Hoy me tienes hasta la raja", le soltó el, ejem, 'icono gay' a su pobre pianista porque no daba la nota que ella quería, y todo ello después de aparecer una hora tarde en el escenario en el que calificó como "bolo más complicado de mi carrera, pero también el más gratificante" (sic.).

Hasta la raja estoy yo, y no la Naranjo, que a estas alturas del verano todavía no me he ido de vacaciones. ¿Sobreviviré?

miércoles, 6 de agosto de 2008

Los paquetes sólo dan problemas

Éste es el post prometido que algunas -esas que me conocéis cara a cara- lleváis esperando desde hace dos meses y que no he podido escribir hasta ahora porque no había manera de encontrar el paquete. Para aquellas que no tenéis ni idea de qué va la vaina, me explico: mi novia llevaba varios meses, incluso me atrevería a decir años, sugiriéndome que le hiciera algún regalito erótico, de esos que venden en el No es pecado.

Más de una vez me había plantado frente a la puerta de la sucursal de esa tienda que hay en la Alameda Principal de Málaga pero, la verdad, me costaba entrar y ponerme a buscar entre todo el material que por allí tiene que haber. Y así fue pasando un cumpleaños de mi amor, nuestro aniversario y los Reyes sin que llegara ese regalo picantón.

Y justo en ese momento es cuando entró en mi vida Macarena con su maleta roja, la reuniones del tuppersex y el descubrimiento de que hay juguetitos muy, pero que muy monos, como un patito disfrazado de sadomaso que se pone a vibrar cuando le tocas la barriguita o un gel lubricante con sabor a champán...

De repente se abrió la espita y me entró la locura consumista -¡gracias, paga de beneficios de esa gran empresa en la que trabajo! ¡Alabada sea!- y le encargué a Macarena un completo: un set erótico de viaje con aceite de masaje y afrodisíaco, un plumerito suave para extenderlo y, ja,ja, crema orgásmica; la famosa mariposa (creo que se llama así porque ésta sí que te da de verdad alas, sobre todo usada con la crema orgásmica) y el vibrador Damien Feelz Toys, acompañado por supuesto de ese lubricante del que hablaba antes con sabor a champán tan chispeante.

Una vez realizada la compra sólo quedaba la entrada. Mi amor trabaja fuera. Vivimos separadas por 200 kilómetros, así que se me ocurrió la genial ocurrencia de que la mejor manera de hacerle llegar un regalo tan inesperado era mandárselo por mensajero, y todo ello a pesar de que el día de su cumpleaños, el 9 de junio -doy este dato que parece trivial porque es importante para entenderlo todo-, me lo había tomado libre e iba a estar con ella. ¿Seur o MRW? A mí, lo confieso, siempre me despiertan simpatía los segundones: ahora voy con Federer en lugar de con Nadal y Ben Johnson era, sin lugar a dudas, mucho mejor que Carl Lewis, que también corría dopado, aunque nunca haya dado positivo. Así que opté por MRW. Craso error.

Intenté darle picardía al asunto y como se lo envíe al trabajo lo envolví todo por separado con etiquetas: el regalo 1 -el de las cremitas- lo podía ver sin problemas en la oficina. El 2-la mariposa-, era decisión de ella abrirlo o no, y el 3 -el vibrador- bajo ningún concepto debía ser expuesto a los ojos de sus compañeros...

Lo metí todo en una caja de zapatillas de deportes -regalo que sí podía esperar de mí-, llevé el paquete a la oficina de MRW más próxima, lo envié y justo después cogí el coche para recorrer los 200 kilómetros que me separan de mi novia, pasar el fin de semana con ella y poder celebrar juntas el lunes 9 de junio su 34 cumpleaños esperando que llegara el envío. Pero, para aquellas que tengáis memoria histórica pregunto: ¿qué pasó este 9 de junio?... ¿A que ya nadie se acuerda?... Yo sí que me acuerdo... Hubo una huelga de transportes que paralizó todo el país, sí, incluidas las empresas de mensajería...

El paquete no llegó. Ni ese 9 de junio, ni el 10, ni el 11... Le tuve que confesar a mi novia que le había mandado un regalito -no le conté cual, por supuesto-, que se lo debía haber entregado un mensajero pero que no había llegado. Le advertí de que estuviera pendiente y que preguntara en la recepción de su empresa, pero todo fue en vano... Yo me machaqué los dedos metiendo el código del envío en la página web de MRW pero no había ningún dato. Ella es muy persistente y, cuando se le mete algo en la cabeza, no arroja la toalla, así que martilleó a llamadas al servicio de calidad de MRW y, por fin, logró que alguien nos atendiera. A mí me pilló en la ducha: entró en el cuarto de baño móvil en ristre, me lo pasó y me dijo: "Son los de MRW, que necesitan que les digas cuál es el contenido del paquete". "Estás de coña", le dije yo. "No", me contestó ella al tiempo que me metía el teléfono en la oreja.

"Le hablo del departamento de calidad de MRW. ¿Me puede decir qué contiene el paquete?", oí con total claridad al otro lado de la línea. "Pues, pues -balbuceé justo cuando volvía a ver aquella escena que a todas las amantes de The L Word se os habrá venido a la mente en la que pillan a Dana y Alice con un consolador en la maleta al pasar el control de seguridad de un aeropuerto- tiene cremitas, una mariposa genital y un... (silencio) vibrador". "Vale, vale, ya la llamaremos para informarla sobre su paquete", oí. Menos mal que mi amor se había salido del cuarto de baño. Eso sí, el ataque de risa que me dio tuvo que presenciarlo.

A día de hoy -dos meses después- el paquete no ha aparecido. Los de MRW me aseguran que me pagarán el contenido, que tuve que justificar mediante la preceptiva factura en la que se detallaba todo lo que compré. Alguien de esta compañía de mensajería se estará poniendo las botas a mi costa y yo, harta de esperar, le encargué otro kit completo a Macarena que llegó la semana pasada. Creo que a mi amor le ha gustado, porque cada vez que ve la mariposa no puede contener una sonrisa.

* Moraleja: En esta ocasión y sin que sirva de precedente, la culpa sí que ha sido del mensajero.