lunes, 2 de junio de 2008

La primera vez que pisé un sitio de ambiente


Todas hemos tenido una primera vez. Todas hemos reunido en algún momento el valor suficiente para cruzar una puerta y entrar en un bar de ambiente. La mía fue con 20 añitos, de la mano de la que entonces era mi novia -y que a su vez también pisaba por primera vez un bar de ambiente- y en Londres. Supongo que una beca Erasmus es siempre una buena excusa para hacer cualquier cosa excepto estudiar. El lugar al que llegamos guiadas por no sé qué nombre en qué guía consultada de rondón en una librería -por aquel entonces (hablamos de 1994) no existía esto de internet y las únicas guías existentes eran de papel- se llamaba The ace of clubs, en Picadilly Street, un antro custodiado por una segurata negra carne de gimnasio que te cacheaba al entrar con bastante malos modos.

El club estaba en un callejón de Picadilly, para quien no lo sepa una de las calles más pijas de Londres. Sin embargo, aquel club no tenía nada de pijo. Era uno de esos garitos exclusivos para mujeres -después jamás he vuelto a entrar en uno, y eso que he estado en unos cuantos bares de ambiente-, en el que no dejaban pasar hombres y donde todas se tenían fichadas entre ellas y te miraban con cara "a éstas no las conozco de nada".

Para llegar a la discoteca había que bajar unas escaleras estrechas y, creo recordar, un poco sórdidas. Los sofás que servían de asiento eran rojos y estaban ya raídos por los muchos refregones que se había pegado allí la peña. Lo que más me llamó la atención es que a pesar de que había dos cuartos de baño, como es preceptivo en cualquier sitio, los dos eran de mujeres. ¡Toda una revolución! Y lo que más me impactó fue el amplio catálogo lésbico que se desplegaba ante mis ojos: había tías que yo hubiera jurado que eran tíos, tías superragladas con tacones y pintadísimas, tías maduras que iban a ligar sin ningún pudor, tías jóvenes con vaqueros y camisetas -no me acuerdo qué me puse, pero supongo que me incluyo en este grupo- que se dedicaban a bailar...

Mi novia de entonces y yo flipamos, vaya sí flipamos. Pudimos de una vez "salir del armario" en el que andábamos metidas y besuquearnos delante de toda la panda de inglesas que andaba por allí mirándonos sin pudor. Lo malo es que aquella noche, cuando salimos del The ace of clubs, volvimos a entrar en ese armario del que no salimos hasta que dejamos de estar juntas. ¡Paradojas del destino!

Por cierto, después he vuelto muchas veces a Londres, he pasado por el callejón del The ace of clubs pero nunca he tenido la tentación de comprobar si sigue ahí. Hoy, antes de escribir este post, sí que he mirado en internet y he encontrado una referencia donde no sé quién cuenta que la vieja guardia domina este club que lleva más de diez años abierto. Sin embargo, dudo que siga al pie del cañón, porque no he encontrado ninguna foto -de ahí que haya colgado una de Picadilly Street- ni ningún enlace. Quizás la próxima vez que vaya a Londres me asome a ese callejón de Picadilly para comprobar si aún sigue ahí y, en el caso de que aún continúe abierto, tal vez entre para constatar si es o no tal y como lo recuerdo y ajustar cuentas con mi memoria.

*Sería genial que me contarais vuestra "primera vez". Y si alguien hubiera estado en 'The ace of clubs', por favor, que me cuente si es o no como lo recuerdo.

domingo, 18 de mayo de 2008

Formas que las demás tienen de llamar a tu novia

La buena aceptación del post anterior me ha hecho estar alerta y he detectado que no sólo somos un poco enrevesadas para hablar de nuestras novias, sino también para referirnos a las novias de las demás. Sin ir más lejos hoy, mientras estaba en el trabajo, me ha llamado una conocida que intentaba montar un partido de pádel.

- No, no puedo jugar, estoy trabajando -mi respuesta-.

- ¿Y tu doña puede?

- No, mi "doña" -aquí ya sí, con cierta sorna-, tampoco.

- Bueno, pues dale un beso a tu doña de mi parte.

- Vale, yo soy lo doy -mi contestación, en la que por cierto obvié que cuando a"mi doña" le dijera cómo la habían llamado, le iba a dar algo-.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Formas de decir que tienes novia sin decirlo

Sí, lo sé, decir "mi novia" no tiene por qué convertirse en algo traumático. A mí, lo confieso, me cuesta, y suelo buscar circunloquios para referirme a mi amor ante personas que ignoran que comparto mi vida con una mujer, con su consiguiente cabreo, por cierto.

Sin embargo creo que esta práctica no es sólo mía. Durante las últimas semanas me he dado cuenta de que no soy ni mucho menos la única -aquí es donde mi amor debería tomar nota- a la que le cuesta decir abiertamente y a bocajarro "mi novia" tal o "mi novia" cual. El otro día me pasó con una de las monitoras buenorras del gimnasio -la del spinning de nuevo, ¡oh year!-. Me la crucé con cara de cansada, nos pusimos a charlar y yo le dije que también estaba para el desguace porque había estado todo el fin de semana por ahí de juerga con mi pareja... Sí, mi pareja, ahí estaba de rondón el maldito circunloquio: "mi pareja"...

Alguien dijo una vez que su subsconciente era más inteligente que él y no sé si eso es lo que puede pasarme a mí en ocasiones como ésta. La monitora, es claro y patente, entiende, y si no entiende pues me va al pairo, ¿qué mierda hago hablando de "mi pareja" como cualquier cuarentón progue? ¡Mi novia! ¡Mi novia! No es tan difícil, ¿verdad?

En mi descargo he de agumentar que no soy la única. ¡Bien! Como decía al principio estas últimas semanas he podido comprobar que detrás de muchas lesbianas hay un circunloquio con el que denominar a su novia:
  • El mejor lo he escuchado hoy y venía de una colega que sólo conozco de vista y un ámbito totalmente heterosexual. Ella sabía que yo entendía y yo lo sospechaba de ella. Ha llegado con un pelín de retraso. Una de las allí presentes le ha preguntado si es que se había levantado tarde y ella ha explicado que no, que se ha levantado pronto y que incluso le ha dado tiempo a sacar a su perro y a ordenar la casa, porque esta tarde llegaba "la susodicha*" (sic.) y quería que todo estuviera listo y preparado. Entonces yo, con toda mi inocencia, he preguntado: "¿La qué?" Ya no lo ha quedado escapatoria: "Mi novia, mi novia", ha respondido.
  • Éste lo escuché hace unos días en una situación muy parecida a la anterior. Calcada, se podría decir. Al igual que en el caso anterior esta colega estaba explicando que ese día se había levantado tempranísimo, sobre las seis de la mañana, vamos, porque su "chiqui"-creo que la denominó así, porque justo al decirlo bajó considerablemente el tono de voz- tenía que madrugar y le había querido preparar el desayuno. De nuevo -prometo que no la escuché bien- se produjo la pregunta: "¿Tu qué?" "Pues mi niña, es que me cuesta decirlo".
  • Pero de todos, el más circunloquio es éste: "una amiga que me espera en su casa", dicho sobre la una de la madrugada, claro. Ahí la pregunta estaba clara: "Supongo que no te espera sólo para echar un rato de charla".
P.D. Me encantaría que toda la que conociera más maneras de llamar a la novia sin decirlo de forma clara las dejara apuntadas por ahí, a ver si de una vez somos capaces de llamar a las cosas por su nombre. Yo, lo intentaré con vehemencia. Otra cosa es que mi madre sea capaz de llamar nuera a mi amor... Perdón, mi novia.

* FE DE ERRATAS: Aquí tengo que hacer una aclaración. Cuando escribí este post le di una gran patada al diccionario. En lugar de hablar de "la susodicha", como debería haber hecho y ahora (30/05/08 a la una de la madrugada) he hecho, hablé de "la sudodicha", lo que sin lugar a dudas está mal. Rectificar es de sabios, así que no he dudado en piratear mi propio blog y ponerlo de la manera correcta. Gracias a la susodicha porque fue precisamente ella la que se dio cuenta de que estaba mal escrito, de modo que ahora mi blog vuelve a estar 'casi inmaculado', digo casi porque seguro que alguna errata se queda por ahí. Menos mal que en internet no se estila lo del papel impreso, porque ahí sí que es imposible dar marcha atrás, ser sabio y rectificar.

jueves, 8 de mayo de 2008

Bolleras boyeras

Este post es una continuación del anterior, el de la cofradía del bolllo. Y responde a otro hallazgo: efectivamente, lo de María del Monte e Isabel Pantoja no es un caso aislado, hay multitud de bolleras boyeras.

Para aquellos que piensen que soy una de esas jóvenes en las que la LOGSE ha hecho estragos, me explico un poco más: en el Rocío hay multitud de bolleras (Definición de la Real Academia Española: " f. despect. vulg. lesbiana") y de boyeras (Def. RAE: Mujer que guarda bueyes o los conduce). Vamos, que me vengo a referir a que eso del Rocío está plagado de "entendidas" en la materia" que van en esas carretas tiradas por bueyes para disfrutar "a la sombra de los pinos".

Este hallazgo -he de confesarlo- no lo he hecho yo, si no mi novia que, por razones que no vienen al caso, ha estado hoy en el paso del Guadalquivir de las hermandades que van al Rocío. Ha ido obligada, lo prometo, y por estrictas razones de trabajo. Aunque ha flipado.

- ¿Te acuerdas aquello que me contaste sobre la hermandad del bollo? Pues, efectivamente, existe -me ha contado por teléfono-.

- Sí, pero esos no creo que vayan al Rocío -le contesto.

- Esos igual no. Pero seguro que las que están aquí tienen que pertenecer a otra similar...

¡¡¡Qué viva la blanca paloma!!!Publicar entrada

martes, 6 de mayo de 2008

La cofradía del bollo

Existe. Sé que es difícil de creer, pero existe una cofradía del bollo. He de confesar que jamás se me habría ocurrido pensar que alguien hubiera tenido semejante idea, pero así es. Su hallazgo sucedió como suelen suceder estas cosas: por casualidad.

El otro día estaba escuchando la radio de fondo, no recuerdo qué emisora, y en una de esas rondas de corresponsales tan socorridas una de las periodistas estaba contando cómo en no sé dónde habían montado una escuela para enseñar a los chavales artes relacionadas con la Semana Santa. Entonces el conductor -creo que así se dice en radio a los presentadores- le preguntó a la chavala:

- ¡Qué bonito! ¡La Semana Santa y sus tradiciones¡ ¡Qué gran momento para España! Cuéntame, ¿cuál es tu cofradía preferida? Porque todo español que se precie ha de tener una cofradía preferida -afirmó, ante mi estupefacción y ante la de todos los oyentes que dudo tengan una cofradía preferida-.

El silencio irrumpió durante apenas unos segundos en la emisión. Se notaba que la habían pillado desprevenida y que aquella pregunta no estaba en el guión que tan conciezudamente se había preparado.

- ¿Mi cofradía?... ¡La del bollo!

A partir de ese momento sí que presté atención a lo que se oía en la radio:

- ¡Qué gran hermandad! Yo recuerdo cómo me invitó esa gran cofradía a conocer su nueva casa hermandad... ¡Qué bonita! ¡Qué buen gusto!... -y así siguió desvariando el presentador un rato pero sin ir al asunto. Vamos, sin aportar información sobre lo que realmente interesaba-.

Pero, bendito google. Inmediatamente me fui a internet y metí -perdón, introduje- "cofradía del bollo" y, para mi asombro, la periodista no se había quedado con el locutor carca. Existe una cofradía del bollo. Así que desde aquí un llamamiento para que desde ya empecemos a hermanarnos (¿se dirá así?) y contribuir al engrandecimiento de esa gran cofradía.

miércoles, 30 de abril de 2008

Auténtica frikada

No me he podido resistir a incluir este enlace en mi blog. Sé que algunas pueden considerarlo friki, pero esto es mucho más, y si no, mirad para cuantas camisetas da Bette Porter (y el resto del personal de The L Word, of course)

miércoles, 23 de abril de 2008

"Los de en medio"

Mi intención al comenzar este blog era, inspirándome en historias de la serie, contar historias relacionadas conmigo o con gente que conozco. Hasta ahora, así lo he hecho, pero un cretino ha logrado que deje a un lado el espíritu con el que nació esta web para narrar lo inenarrable. Vamos, que a ninguno de los guionistas The L Word se le hubiera ocurrido en la vida inventar un personaje tan estúpido como el que tuve el disgusto de conocer el otro día.

Todo sucedió en una
comida de trabajo. Sí, además de escribir este blog tengo una vida paralela seria que me hace tener comidas de trabajo de vez en cuando en las que he de mostrarme educada, cabal y, en más ocasiones de las deseadas, carente de ironía.

En una de esas es donde
conocí este personajillo, todo sonrisa y director de ventas de no sé donde que ya había comenzado en los aperitivos intentando hacerse el gracioso. Sin embargo, la conversación derivó de manera inevitable hacia la paridad en el nuevo Gobierno de Zapatero. Él insistía en que no hacía falta que hubiera más ministras que ministros porque las mujeres ya mandamos. De hecho, aseguraba, en su casa la que manda realmente es su mujer -lo que por supuesto no discuto, porque con semejante zoquete-.

En la mesa éramos tres mujeres y siete hombres. La mayoría de estos últimos le daban la razón, por supuesto. ¿Para qué queremos que haya paridad, si ya somos nosotras las que llevamos los pantalones?, argumentaban. Yo, como podía e intentando ser cabal, defendía mi postura, hasta que ese personajillo tocó lo intocable: sí,
se mofó de que Carme Chacón fuera la nueva ministra de Defensa. Yo, que llegaba calentita por un articulazo de Lucía Méndez que me había leído ese día por la mañana en El Mundo, no me pude callar y le solté la primera fresca del día. Algo así que como seguro que su mujer no había estado impedida para fregar los platos cuando estaba embarazada y que igual sí que le habían pedido ascender en su empresa por eso...

Entonces ese gran personaje reculó un poco y
dijo algo referente a "los de enmedio", a cómo están ahora, según él, premiándolos, después de lo que soltó una sonora carcajada.

- ¿A qué te refieres con los de en medio?-le pregunté yo-.

-Sí, los de en medio. Eso que está ahora tan de moda -me contestó-.

- No te entiendo -le contesté ya con cierto
tono chulesco y ante la mirada aterrada de algunos compañeros de mesa que ya veían venir el cataclismo-.

- Sí, mujer. Los gays y las lesbianas, que ahora a todo el mundo le ha dado por ser de eso.

No pude evitarlo. Me agarré a la mesa, eché el cuerpo para adelante y con toda la calma de la que fui capaz le dije:

- Pues la verdad es que ni a mi novia ni a mí nos ha influido nunca en el trabajo, ni de forma positiva ni negativa, ser lesbianas.

Una risita nerviosa afloró de sus labios, desistió de seguir debatiendo sobre el asunto y cambió de conversación. El único inconveniente fue que esta escena se produjo en el primer plato y tuve que aguantarlo a escasos dos metros durante el segundo plato, un tercero que pusieron, el antepostre y el postre. Fui incapaz de aguantar hasta el café.